http://www.lagranjadeloscuentos.com/ La Granja de los Cuentos
Érase una vez, una granja escuela situada a las afueras de una gran ciudad. Allí, acudían niños de todas las edades acompañados de sus profesores, dispuestos a disfrutar de una experiencia fascinante.
Un día del mes de octubre, los profesores de 1º a 4º de Primaria de nuestro Colegio Zuloaga, quisieron darnos una sorpresa, nos llevaron de excursión a la Granja de los Cuentos.
Al llegar, un enorme zaguán se abrió de par en par y un ejército de monitores vestidos de verde, se dirigió hacia nosotros. Nos dividieron en grupos y nos condujeron, a través de unos caminos empedrados, a una plazuela en cuyo centro habían colocado una gran fuente.
Aparentemente, parecía un pueblo solitario a la espera de habitantes deseosos de vivir allí una experiencia única: “La vida bajo el agua”.
Alrededor de la plaza, había varios pabellones construidos con piedra. Cada uno de ellos encerraba un misterio diferente. Al entrar en el primero, un enorme bosque apareció ante nosotros. De pronto se desató una tormenta y tuvimos que guarecernos debajo de un techado para no mojarnos.
Los animales, que allí vivían, también hicieron lo mismo. Unos se metieron en sus madrigueras, otros se resguardaron debajo de las hojas de los árboles, otros se sumergían bajo el agua… ¡Era increíble!
Cuando dejó de llover, comenzamos a oír un ruido ensordecedor en el pabellón de al lado. Sorteando los charcos, nos dirigimos hacia él. ¡Eran las ranas y los sapos! Se estaban bañando en la charca formada con el agua de la lluvia.
A continuación, a través de un pasadizo oscuro, llegamos a una cueva. Estábamos un poco asustados, pero queríamos conocer a los animales que habitaban en ese lugar tan poco acogedor.
Aparentemente no se veía ninguno, hasta que un compañero gritó: ¡Aquí! Aquí hay uno. Era un axelote, un animal blanquinoso, ciego y con aspecto de extraterrestre que parecía salido de una película.
Po fin, salimos al exterior. ¡Qué alivio! La luz del sol nos cegaba los ojos, pero eso no impidió que continuásemos nuestro recorrido hasta el siguiente barracón por el que discurría un río lleno de pirañas.
De camino al río, conocimos al tritón jaspeado, al cangrejo, a la carpa, al galápago, y… ¡Esto no era todo!
Siguiendo el curso del río, llegamos al mar. Los pulpos, los mejillones y el calamar se pusieron muy contentos al vernos. Sabían que, aunque era la hora de comer y estábamos muertos de hambre, no pensábamos cocinarlos.
El jefe del grupo, cansado de oír el ruido de nuestras tripas y llevado por su olfato, nos condujo a la última cabaña. ¡Era el comedor! En las mesas, nos encontramos unos enormes platos de macarrones y salchichas que desaparecieron en un periquete.
Por la tarde, ya más tranquilos, vimos una obra de teatro, y desde allí pasamos al taller artesano. Aquí, elaboramos una colonia, que envasamos en un frasquito para llevárnosla a casa.
La visita a la granja llegó a su fin. El portalón que se había abierto por la mañana, se cerró por la tarde. Llegamos al colegio con un montón de experiencias nuevas y con la ilusión de volver el año próximo dispuestos a vivir otra aventura: “La vida del bosque”.
Y colorín colorado…


