| 23/01/2012

La felicidad, aquí y ahora

Carolina Becerra (profesora de música de Ed. Infantil y Primaria) / Actual Edu

Todos nos pasamos la vida soñando con tener algún día una vida mejor y más confortable, el mejor trabajo, la mejor casa, el mejor coche, ser padres…y en otras ocasiones, nos quedamos atrapados en el pasado, en el tiempo que añoramos, en la gente que echamos de menos…pero no nos damos cuenta que si nos anclamos a esos pensamientos no nos beneficia, sino que nos perjudica.

Esto hace que nos ausentemos en el presente, en el aquí y ahora y no disfrutemos ni de las cosas que tenemos ni de la gente que nos rodea. Cuando nos quedamos atrapados en el pasado, los sentimientos que nos invaden son la depresión y la soledad y cuando nos quedamos nos obsesionamos en lo que va a ocurrir nos embarga la ansiedad y el deseo, y nos debatimos entre la incertidumbre, el miedo y el deseo, sentimientos que no nos dejan avanzar y que nos esclavizan. Por ello, debemos aprender a vivir de forma liberada y afrontar las cosas como vienen, aceptar la vida que nos ha tocado y disfrutar de ella plenamente, aquí y ahora. Pero el ritmo de vida que llevamos, el estrés, las preocupaciones… no nos dejan. Y el presente no viene sólo, sino acompañado por dos trampas: los deseos y los miedos. Es en este momento cuando nuestro querido, sabio y eficaz cerebro se ve amenazado por algún estímulo externo, no importa si es real o imaginario…él automáticamente envía la señal de alarma, es decir, que reacciona de forma instintiva, emocional y visceral a aquello de lo que se ve atentado. Es tan fuerte el poder de este órgano que impide que vivamos con plenitud el presente, y lo gracioso es que nosotros sabemos que él funciona por sí solo pero no sabemos cómo, por decirlo de otra manera, no nos conocemos a nosotros mismos, a nuestro interior profundo.

El deseo surge cuando hay una necesidad, es agradable porque nos produce placer. El deseo no sólo se limita a saciar las necesidades físicas sino que también incita a leer, a escuchar, a aprender, a descubrir nuevas fuentes de conocimiento pero si ignoramos estas necesidades sentiremos frustración, carencias y la sensación de estar incompletos. Lo que no nos damos cuenta es que todo lo que necesitamos está en nosotros, mucho más allá de las cosas materiales.

Una vez que logramos el deseo, lo difícil es aceptar que el deseo es pasajero, todo lo bueno se acaba, por lo tanto, la felicidad no es algo que se mantiene en el tiempo, sino algo efímero. También hay que aceptar que el deseo tiene una doble vertiente, por un lado, nos hace tener sentimientos discordantes, dicho de otra manera, podemos sentir felicidad o satisfacción por conseguir un nuevo trabajo pero al mismo tiempo podemos sentir tristeza porque podremos dedicar menos tiempo a los nuestros.

El deseo es ingobernable y a veces obsesivo, ansioso y nos puede llevar a pasar por la calle de la amargura ya que no disfrutamos de lo que tenemos alrededor, incluso nos pasamos por alto los pequeños placeres de la vida, dejamos de ser nosotros mismos cuando nos obsesionamos por perseguir un deseo que aún no hemos satisfecho. El deseo también se ve influido por la sociedad en la que vivimos que es ambigua, por un lado, nos invita a generar y saciar los deseos de forma compulsiva y, por otro lado, nos susurra que es egoísta entregarse a él, lo que nos desconcierta.

Los niños, sin embargo, desde la inocencia que les caracteriza expresan sus necesidades básicas claramente, las físicas, las emocionales, las intelectuales y las transcendentales. Sólo aprenderán a temerlas cuando empiecen a experimentar que no siempre es fácil o posible saciarlas y ahí es donde nosotros como adultos, como padres y educadores actuamos como ejemplo, como guías.

Por ello, es bueno, según el estudio de psicólogos como Tara Brach, el hacer una pausa diaria, es decir, parar el tiempo, sin pensar en qué es lo siguiente que vamos a hacer de tal forma que dejamos de hacer lo que estábamos haciendo para sentir el momento presente, centrándonos en la naturaleza del deseo, cómo me hace sentir, de dónde proviene, qué impulsa a hacer esas sensaciones, pensamientos… Así podemos centrarnos en pequeñas o grandes cosas, según se mire como nuestra respiración, en el latido de nuestro corazón…que funcionan por sí solos pero nunca nos detenemos a escucharlos, creedlo, lo he probado y es interesante. Es importante conocerse y escucharse a uno mismo, a ese ser profundo.

Nos educan para desconocer y tener nuestras necesidades profundas lo que nos convierte en opresores de nosotros mismos.

Y para concluir con este artículo, aquí dejo una cita del escritor británico D.H. Lawrence que dice que las personas no son libres cuando sólo hacen lo que quieren sino cuando hacen lo que quiere su ser profundo”.